El clima estaba delicioso, soleadito. El viento traía el inconfundible olor a mar. Las conchas en el suelo me recordaban el sabor a playa. Había guitarra, un teclado por ahí y tres viejos, todos triplicaban mi edad. Un cancionero con mil rolitas sesenteras. De esas típicas de las empolvadas juventudes.
La casa era humilde, en obra [...]