Aun estoy aqui II

He estado refinando algunos de mis escritos, uno de los que reescribi fue “Aun estoy aqui“. Vi que le gusto a mucha gente, se los dejo para que lo juzguen ustedes.

Estoy al fondo, un par de metros a la izquierda. Oculto bajo varias capas de escombro. Hay algunos tanques de agua vieja a la derecha de mi. Ya dejo de llover hace algunos días. Pronto se agotara pero ya no me preocupa, no me queda mucho tiempo a mi tampoco. Mi vida se va, minuto a minuto el futuro se acerca un poquito mas. El frío se hace placentero llega como olas de mar y va calando parte por parte mi cuerpo. Primero la piel de mis manos, después sigue avanzando despacio por mis brazos. Mis pies también lo sienten. Todo se dirige al corazón. Yo me estremezco y la sensación se queda unos momentos saboreando mi cuerpo. Después se va y me deja extrañadola. Pero no importa, regresara después… siempre lo hace.

Se empieza a filtrar un poco la radiación. Ayer comenzó a mostrar un aviso la computadora, nada grave. Pero me recuerda la realidad de afuera. Estar por tanto tiempo en este hoyo hace que a veces olvide que hay un mundo allá afuera. Es curioso, hace ya un par de meses que dejo de llover. Pero aun así el agua sigue filtrándose.  Corre a través de las rajaduras del cemento y se acumula en el piso. Esta gris, pero no tiene olor. Su sonido me relaja y a veces cuando el no se da cuenta, la pruebo. Solo un pequeño sorbo, es un pequeño pedazo del exterior. Me reconforta saber que tengo algo externo dentro de mi.

Los días siguen pasando pero ya no se cuando es día y cuando es noche. El tiempo ya perdió perspectiva. El ordenador me indica la hora pero la vida me dice que el tiempo ya caduco.  Día, tras día todo sigue asquerosamente igual. Pero… hay un cambio, es externo. El agua que corría hacia el interior de este agujero ya no nos acompaña, ya no puedo beber de ella mas. Estoy ausente del mundo. Un fino hilo de agua gris nos unía en vinculo eterno con el mundo. Pero ya no mas. Estamos absolutamente solos. La soledad mas espantosa, mas fría. Envenenados, esqueléticos, pasamos el día entero evitandonos. No queremos sufrir mas pero nadie dice nada. No hablamos, ya no lloramos, ya no sentimos. Solo estamos aquí, esperando nuestro destino.

Pero… pero… pero aun no llega el momento. Debemos esperarlo, debemos soñarlo, atesorarlo. Es el final de todo. Es el magno principio de la eternidad. No es nada mas. Es el comienzo del infinito vacío. Ya casi esta aquí. Casi lo puedo tocar, lo saboreo. Ya lo siento cerca. Eso y el ausente conocimiento de todo me mantiene en vela.

Este cuerpo se empieza a desintegrar, queda una fracción de lo que era antes. Pero aun funciona, ignorando el propósito de su existencia. Sigue fiel a su mente. A su alma y a su divinidad. Me exige un poco mas de lo que puedo darle, pero siempre termina por conformarse. Antes eran enojos, luchas encarnadas dentro de mi. Ahora solo son sollozos, inaudibles, casi imperceptibles. Pequeñas caricias dentro de mi me recuerdan que aun están allí. Agonizantes pero vivos. Luchando por un día mas, unas horas mas. Consumiendo a si mismo en un afán por existir un poco mas. El tiempo lucha por no acabar.

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